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lunes, septiembre 2

Insanidad: El café, la lluvia y las integrales

 —Deberías decirle —te dijo el viejo mientras le daba una calada a su cigarrillo.
—¿De qué hablás? —le respondiste mientras bebías tu café.

      Llovía sin cesar y estaban los dos ahí, sentados en un bar. Aún era temprano y por eso habían decidido beber café en vez de pedir las cervezas de siempre. A pesar de que había un chaparrón, optaron por sentarse afuera, al resguardo de la marquesina, así el viejo podría sucumbir ante su vicio tranquilamente.

—Sabés de que hablo muchacho, esa chica que ronda en tus pensamientos últimamente. Deberías decirle lo que sentís.
—Traté de hacerlo una vez, pero las cosas se pusieron complicadas. Se pusieron raras.
—Si, lo sé. Pero al final de cuentas nunca se lo dijiste mientras la mirabas a los ojos. Es decir, un mensaje bajo efectos del alcohol confundiría a cualquiera. 
—¿Vinimos acá para qué me aconsejes sobre compañeras de facultad? —preguntaste un poco enojado.
—No. Vinimos a disfrutar de la lluvia, a tomar café y a fumar un poco. Pero bueno, estos temas siempre salen en medio de una conversación entre dos amigos. Solo quiero ayudarte pibe.
—Lo se, es que no he dormido bien esta semana. Por eso ando tan susceptible.
—A veces pensás demasiado y por eso siempre andás cansado.
—Puede ser. Siento que no descanso a pesar de que duerma doce o seis horas. Es como que siempre es lo mismo.
—Pensás demasiado y gastás demasiada energía tratando de analizar todo, supongo que es eso —comentó el viejo
—Y este maldito bloqueo que tengo. No puedo escribir viejo, no puedo... —miraste a tu taza de café y te preguntaste cuanto hacía que no escribías una sola línea que ante tus ojos tuviera coherencia. No te salía nada, todo lo que intentabas expresar a través de la escritura te parecía absurdo o de poco valor y lo terminabas descartando. No entendías la razón de todo eso.
—Puede que sea por ella —dijo el viejo, interrumpiendo tus pensamientos.
—¿Por ella? ¿Volvemos al mismo tema?
—No te das cuenta Bruce. Esto te está empezando a dejar mal. Deberías decirle todo lo que te pasa, lo que sentís. Basta de ser tan cobarde, por una vez en tu vida tomá el riesgo. Se que hay chances de que pierdas, pero pensá en que también puede que ganes. Arriesgate, es ahora o nunca.
—Es que tengo que ordenar tantas cosas en mi cabeza antes de poder pensar en eso. Además no quiero perderla, me gusta tenerla siempre cerca —dijiste en medio de un suspiro.
—Pero no es la forma en la cual la querés tener. Y eso de ordenar tu cabeza no va a pasar. Tu cabeza es un caos y es bueno que sea así, no podés pretender pasar toda una vida esperando el equilibrio para tomar decisiones. Vas a morir en la espera, vas a perder oportunidades muy valiosas. El momento es ahora —dijo el viejo sacándose las gafas y mirándote a los ojos.
—Creo que tenés razón. Es que el miedo me supera a veces. 
—Si, te entiendo. También pasé por situaciones como la tuya. Pero te digo, lo mejor es aceptar que nunca es el momento exacto salvo cuando vos querés que sea, sos vos quien tiene que tomar las riendas y hacerlo. 
     Te quedaste mirando a la calle, veías a los autos pasar. A la gente que corría bajo la lluvia y a algunos que iban con calma y por un momento todo se hizo un poco más difuso.

[...]

—Bruce... ¿Te pasa algo? Quedaste colgado en la nada por un momento —te dijo Romina mientras te miraba con cara de preocupación.
—No, solo me estaba acordando de algo. Una pavada —le dijiste.
—Bueno, pero respondeme. ¿Qué te dio en el ejercicio 2? El de la integral.
—A ver, dejame ver —dijiste mientras movías las notas que tenías en la mesa.
—A veces me pregunto que pasará por tu cabeza cuando te ponés a viajar como recién.
—Pavadas, pavadas.

1 comentario :

  1. estoy siguiendo tu blog, saludos. te invito al mío
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