Cualquier semejanza con la realidad puede que no sea mera coincidencia

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domingo, marzo 27

Domingos (Fragmento)


     Los domingos eran días de café tardío, dónde no sonaban alarmas. Solían ser días donde no faltaba el calor, donde salir de la cama era todo un reto para ambos. Era el día donde ninguno andaba vestido, donde las duchas eran de a dos y los besos sobraban. El domingo solía ser el día más esperado de toda la semana.
     Desperté aquel domingo más temprano que de costumbre, tomé mi café, negro como sus ojos, mientras fumaba uno de los cigarrillos que había dejado antes de irse. Era el primer domingo en mucho tiempo en el cual estaba todo tan silencioso. Me sentía vacío y con cada calada intentaba llenarlo con humo para volver a sentirme completo, sin embargo era inútil. Divagué un rato en mi cuaderno de anotaciones, dibujé su cara con sus mejillas rosadas y sus labios finos e inexpresivos.
     Caminé hasta mi habitación y contemplé nuestra cama por un rato, a pesar de tenerla toda para mí no había podido ocupar su plaza que seguía ordenada, como esperándola. Observé en silencio todo a mi alrededor, sus fotos ya no estaban, me había encargado de tirarlas porque no quería volver a ver su rostro, era irónico pues siempre hacía bosquejos de su sonrisa en cualquier trozo de papel que estuviese a mi alcance. Me senté sobre mi lado de la cama y tomé la guitarra que yacía al lado de la mesa de luz, la afiné cuidadosamente y comencé a tocar "Two Of Us" de The Beatles, muy suavemente iba entonando la letra «You and I have memories longer that the road that stretches out ahead...» decía mientras pensaba que en realidad el camino ya se había terminado y que en aquel momento todo eran recuerdos. Recordé entonces la última sonrisa que me había regalado, el último abrazo bajo la lluvia, el último beso, la última vez que hicimos el amor sobre aquella cama y la última pelea donde dijo que era suficiente. 
     Era domingo y todo era distinto, ya había terminado la cajilla que había dejado y mi pecho aún se sentía vacío. Fui hasta el baño, mientras de fondo sonaba un viejo vinilo de Led Zeppelin, me lavé la cara y observé mi reflejo en el espejo. Me puse una chaqueta, agarré mi morral y salí a la calle, afuera el Sol dominical irradiaba con fuerza y hacía que aquella mañana otoñal no fuese tan cruel. Caminé hasta la estación de trenes más cercana y me tomé el primero que apareció sin saber hacia donde me llevaría. 
     Me moví por los distintos vagones, estaban casi todos vacíos, la única gente que veía eran parejas de ancianos que probablemente vendrían de alguna misa en la iglesia Matriz. Llegué al último vagón donde solamente estaba sentada una chica rubia que leía un libro de Cortazar, pasé a su lado y continué hasta un asiento más al fondo. El tren se movía entre colinas de un lado y playa al otro, había subido a la línea costera que iba hasta una ciudad cercana a la capital. Abrí mi morral y tomé mi cuaderno, comencé a dibujar su rostro una vez más mientras pensaba en toda mi vida. Por primera vez en mucho tiempo estaba solo, por primera vez no me estaba agarrando la mano en el tren mientras miraba por la ventana. A pesar de que el vacío era enorme y seguía allí en mi interior, no me sentía mal, pensé en todas esas veces en las cuales sentí que moriría antes de conocerla, y como, casi sin avisar, apareció en mi vida. Me puse a pensar en cuantas veces pensé que era el fin cuando en realidad solo era el comienzo. Allí, en aquel tren, en aquella mañana de domingo, me di cuenta que todo seguía en marcha y que a pesar que aún seguiría dibujando su sonrisa en trozos de papel, tocando canciones "nuestras" en la soledad de mi habitación o sintiéndome vacío mientras fumo, aquello solo era el comienzo de algo más. Sonreí. 

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