Cualquier semejanza con la realidad puede que no sea mera coincidencia

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viernes, diciembre 27

Poema VIII

Estaba claro que me partirías el corazón, 
como también estaba claro que me iría.
Era obvia la idea de que te haría llorar,
estaba en evidencia que no podía soñar.
Éramos tan distintos, tan diversos.
A ti te gustaba el mar, las olas y el viento.
Yo en cambio soñaba con Paris, y el frío invierno.
Tú soñabas con bailar por horas,
yo solamente quería sentarme a mirar el cielo.
¿Cómo pudo ser que seres tan lejanos
se aguantaran durante tanto tiempo?
Éramos masoquistas, empujados por el odio a la vida.
Es que todo eso que nos acercó, un día nos alejó.
Y tu te marchaste por la puerta grande,
dando un gran espectáculo, mostrándote al mundo.
Yo en cambio quise hacerlo por la puerta trasera,
en silencio y sin llamar la atención.
Hasta nuestra partida fue desigual. 
Y hoy estás allá, con tu mar, tus olas y tu viento.
Yo estoy acá, aún no llego a París, pero volví a soñar.

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