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martes, octubre 22

Historias: Amanecer

   Esto ocurrió cuando el mundo era distinto para mí, para vos y para nosotros. Yo era más joven e inocente, tenía el corazón roto y nadaba en un mar de cicatrices, y cometía el error de querer mostrarlas. Vos en cambio bailabas la sinfonía del aburrimiento y sonreías un poco menos. 
"Nunca vi un amanecer, al menos no uno que me haga sentir viva", dijiste. Yo estaba preocupado por recomponer pedazos de un artefacto que ya no tenía arreglo, no de la manera que intentaba repararlo, y no te presté atención. Fue ese mi primer error, mirar al lugar equivocado, o a la persona equivocada.
     Pensá en un amanecer y en todo el simbolismo que lo envuelve. Pensá que significa renacer, volver a la vida y creo que era eso lo que necesitaba. Pero mientras vos pensabas en el alba, yo estaba viviendo la peor noche de mi vida. Fue esa falta de sintonía, esa leve desincronización la que no nos trajo el Sol en aquel momento.
     En febrero aparecieron por primera vez estrellas en mi cielo, luego de una niebla oscura que cubrió la madrugada fría que tuve que soportar. Fue cuando en medio de esa leve claridad que amainaba, que te noté, pero no te traje el amanecer que anhelabas.
     Dicen que antes de que amanezca siempre todo se vuelve muy oscuro, ese exacto segundo antes de que la vida nos regale un poco de luz, uno tiene que vivir la oscuridad máxima, la que parece no tener salida. 
     Dura una fracción de segundo, pero uno siente como si fuese una eternidad, algo que no parece tener fin, algo que llega y se estanca en tu cabeza y te martilla, te golpea y te lastima. Supongo que gracias a eso uno valora más los primeros rayos de Sol que te llegan en un momento particular, inesperado, así, sin avisar, como llegaste vos.
     Es que luego de tanta oscuridad, al fin entendí que lo que seguía era el amanecer, esa luz absoluta que te envuelve, te entibia y te hace sentir vivo otra vez.
     En ese momento de plenitud fue cuando nuestras miradas se cruzaron, fue cuando te volviste a preguntar por el amanecer y cuando yo pude entender que era lo que significaba, fue ahí cuando me acerqué, cuando te acercaste y nos acercamos.
      Y fue mirándote a los ojos que comprendí que no necesitábamos palabras, todo lo que nos queríamos decir era transmitido con el sonido de nuestras respiraciones, fuertes y sincronizadas; con el calor de nuestras pieles cada vez que nos tocábamos y con la suavidad de nuestros labios al besarnos. Fue en ese momento, en aquel exacto lugar, que comprendí que eras todo lo que necesitaba. Fue en ese exacto momento que para nosotros amaneció.  

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