Cualquier semejanza con la realidad puede que no sea mera coincidencia

Ahora en Medium

jueves, octubre 10

Historias: Búsqueda

Aún recuerdo el día en el que todo se volvió confuso, aún recuerdo el momento en el cual sentí que algo colapsaba en mi interior. Aún recuerdo el sonido de los pasos que mi sanidad hizo al marcharse, y también recuerdo el grito de mi razón, gritaba tu nombre pero nadie parecía escuchar. Aún recuerdo el momento en el cual dejaste de existir, posiblemente para siempre.
     
     Desperté esa mañana pensando que sería un día normal, un típico domingo. Había sido una semana bastante agotadora, el trabajo era un caos y sentía que todo se iba desmoronando sobre mí. Sentía que estaba jugando a una especie de ruleta rusa con la vida y solo necesitaba un detonante que hiciera que la única bala que giraba en ese tambor saliera disparada.
     Sin embargo no todo era malo, aún estabas vos. Aún tenía tu sonrisa que me iluminaba. Aún tenía tus besos que como por arte de magia borraban todos mis problemas. Aún tenía tu mirada, aún tenía tus brazos que me sostenían con fuerza cada vez que me caía. 

     Estaba nublado, me dirigí hasta la cocina y me quedé contemplando por la ventana mientras bebía el café más amargo que había probado en mi vida. Es cierto que desde que te conocí lo bebía sin azúcar, porque era así como te gustaba a ti, y eso me hacía sentir que te tenía más cerca. Pero por algún extraño motivo ese día tenía un sabor más amargo, más fuerte, como anunciando el golpe que recibiría en cualquier momento. 

     Pensaba en que en tan solo unas horas te vería y eso me hacía sentir mejor. No quería pensar en otra cosa, todos los problemas que me azotaban parecían lejanos cuando ocupaba mi cabeza contigo, con tu imagen, casi podía sentir tu aroma al cerrar mis ojos. Suspiré, volví a abrir los ojos y miré la taza. 

     Fui interrumpido por el ruido del teléfono que comenzaba a sonar en el living. Dejé mi café a medías sobre la mesada y fui corriendo a ver quien podría estar llamándome un domingo a la mañana.
     —Hola —dije al levantar el tubo.
     —¡Hermanito! ¿Cómo estás? —exclamó una voz chillona del otro lado de la línea.
     —¡Ah! ¡Gimena! Tanto tiempo, hace días que no se nada de vos. Estoy bien. ¿Vos? —Gimena era mi hermana mayor, me llevaba tan solo un par de años de diferencia.
     —Acá ando, pensaba en ir al cine hoy. ¿Querés ir?
     —¿A qué hora? Pensaba ver a Mariana un rato, pasé toda la semana sin verla.
     —¿Mariana? ¿Qué Mariana? ¿¡Estás saliendo con alguien y no me contaste!? —exclamó asombrada.
     —¿Me estás jodiendo? Mariana, tu mejor amiga. Me la presentaste vos.
     —Franco, dejá las drogas, te están haciendo mal. No tengo ninguna amiga llamada así, y si tuviera no te la presentaría. ¡Sos un buitre, nene!
     —No entiendo lo que me decís. Si me estás haciendo una broma, no es para nada graciosa.
     —No, no te estoy jodiendo. Quien está para la joda sos vos. Cuando te decidas si vas o no avisame —y luego de eso colgó.

     Me quedé inmóvil por un rato, no entendía nada de lo que había sucedido. Gimena y vos habían sido amigas desde hacía mucho tiempo, eran compañeras en la facultad. A pesar de eso, yo te veía pocas veces y siempre eran encuentros breves, hasta que un día, en un cumpleaños de mi hermana, tuvimos la oportunidad de conocernos mejor. Luego de un tiempo comenzamos a salir y desde hacía un par de meses éramos novios. 

     Luego de eso volví a la cocina, mi café se había enfriado y afuera había comenzado a llover. Fui hasta la computadora y decidí escribirte un mensaje para pactar a que hora nos íbamos a ver. La broma de mi hermana seguía dando vueltas por mi cabeza. Comencé a redactarte algo, cuando terminé y me propuse a enviarlo fui alertado por el sistema, me decía que el contacto al cual quería escribir no existía. Pensé que se trataría de un error, comencé a buscarte entre mi lista de contactos y de hecho no existías, no estabas. Por un momento me pregunté si mi hermana sería capaz de meterse en mi cuenta y borrarte, pero pensé que sería demasiado enfermizo llevar una broma hasta tal punto.

     Me levanté de la silla y caminé por la habitación pensando que podría estar sucediendo, trataba de razonar pero no me explicaba como podías no estar allí. Miré a mi teléfono móvil que estaba reposando sobre la mesa de luz y me decidí a llamarte, sería más rápido y directo, no se porque no lo hice como primer opción. Disqué tu número, pues lo sabía de memoria, noté que no aparecía tu foto en la pantalla del mismo ni tu nombre, tan solo una cadena de números, tú número. Me llevé el celular al oído y escuché algo que me dejó helado, la operadora decía "el número al que usted llama no es correcto, verifique o solicite..." Colgué y empecé a buscarte en mi agenda, pensando que tal vez, por primera vez, había discado mal tu número, no estabas. Creo que fue ahí cuando comenzó a desmoronarse todo.

     Entré en pánico, me puse a buscar por mi móvil fotos tuyas, o nuestras, y tampoco había nada. Era como si no existieras, pensaba que era una broma bastante macabra a esta altura. Luego observé que era imposible que alguien pudiera acceder a mi teléfono y borrar tu número de mi agenda, y tampoco podía llamarte directamente, es que tú móvil no existía. 

     ¿Qué pasaría si de verdad no existieras? ¿Era acaso todo un sueño? ¿Eras vos algo de mi imaginación? ¿Te habría soñado yo? ¿La situación actual era lo irreal? Muchas preguntas así pasaron por mi cabeza en una fracción de segundo.

     Salí de casa, no llevaba paraguas y afuera llovía a cántaros. Sentí las frías gotas que me pegaban en la cara y en mi pelo, sentía como escurrían por mi nuca. Caminé unos pasos, sin saber exactamente hacia donde me dirigía. Al alejarme unos metros comencé a correr, tenía que ir a tu casa, tal vez estarías allí. Me moví por las exactas cuarenta y tres cuadras que nos separaban y llegué a la escena que me haría caer definitivamente. Allí, donde antes estaba tu casa no había nada, solo un terreno vacío entre dos edificios.

     Caí al suelo, me detuve ahí, de rodillas y comencé a gritar desesperadamente. No entendía nada de lo que estaba sucediendo. Si aquello era un sueño solo quería despertar y poder abrazarte de nuevo.

     Los días siguientes fueron intensos, tratando de disimular mi inestabilidad mental fui descubriendo que nadie te recordaba, nadie te conocía, nadie sabía que existías. 

     Por tres semanas me encerré en casa y evitaba a toda costa cualquier contacto humano. Me sentía extremadamente cansado pero a pesar de eso no podía dormir, no podía cerrar ojos, cada vez que intentaba hacerlo tu imagen me invadía y sentía una fuerte presión en el pecho y ganas de vomitar y maldecir al mundo. Habría dado todo con tal de poder tenerte o de por lo menos recuperar mi sanidad por un momento y pensar claramente las cosas. 

     Cuando por fin pude salir y ver la luz del Sol otra vez, me dí cuenta de que ya no podía sonreír. Mi cara estaba muerta, inerte, inexpresiva. Muchas personas me preguntaban si algo sucedía conmigo y yo atinaba a responder con monosílabos, no podía decirles la verdad, nadie me creería. A veces hasta dudaba de si de verdad habías existido o eras solo una especie de sueño intenso que tuve. Pero luego recordaba tus besos y sabía que eran reales. Me acordé de un día en el cual esperábamos un ómnibus juntos, en realidad yo te acompañaba, la que te ibas eras vos. Nuestras despedidas siempre eran largas, estábamos más de una hora, sin exagerar, abrazados. Pero ese día se sintió especial, ese día bajo la lluvia que caía sobre nosotros te abracé pero fue algo distinto. Cuando sentí tu cabeza recostada en mi pecho, mis brazos que te rodeaban y el aroma de tu cabello algo raro sucedió; el tiempo se detuvo. Allí mismo, bajo aquella parada mientras la lluvia nos mojaba, todo se congeló. Fue una fracción de segundo pero para mi duró una eternidad, fue el momento exacto en el cual empecé a sentir la magia. Hubo silencio, un silencio que no fue incómodo, al contrarió, se disfrutó, parecía que nos entendíamos sin decir una sola palabra. Nos dijimos muchas cosas sin decir nada. Fue ese el momento en el cual me empecé a dar cuenta de que te verdad te amaba. Me estaba enamorando de vos, perdidamente.

     Enamorarme, es gracioso, con el corazón tan destrozado pude volver a sentir algo así por alguien, y fue contigo. Vos terminaste de repararlo, creo que eso pasó. Luego fue trágico que hayas desaparecido, justo en el momento en el cual todo se empezaba a sentir bien. Creo que a la vida no le gusta la calma, trata de devolvernos caos de vez en cuando. 

     No se que te pasó, ni tampoco se donde estarás. Hoy me puse a pensar en si en algún otro universo existirás vos y seré yo el que desapareció. ¿Me extrañarías tanto? ¿Estarías tan desesperada como yo lo estoy? ¿Habrás pasado semanas sin poder dormir? Nunca pude enterarme si también me amabas, porque nunca te confesé lo que sentía. Te fuiste antes de que pudiera hacerlo. También te fuiste antes de que pudiera decirte muchas otras cosas, como que me encantaba cuando te ponías infantil, o cuando te ponías a cantar cosas sin sentido. Son cosas que carecen de coherencia, pero son cosas que sentía y pensaba, y nunca te las hice saber. 

     Siento que no debería aceptar esto, no debería quedarme con un mundo sin vos, porque un mundo así se siente horrible, es una mierda. Esto no fue algo que ni vos ni yo causamos, entonces tengo que hacer algo. 

     Voy a salir a buscarte, se que en algún lado debés estar y en el fondo siento que me vas a estar esperando. No se para que lado partir pero me voy a dejar llevar, como tantas veces me lo pediste, que piense y analice menos y me deje llevar más. No se si me voy a tardar una semana o un año, pero lo haré aunque me lleve lo que me quede de vida. Hasta entonces, cuidate.

No hay comentarios :

Publicar un comentario

Disponible en Amazon