Cualquier semejanza con la realidad puede que no sea mera coincidencia

Ahora en Medium

domingo, febrero 2

Poema: Invierno

Quiero conocer las playas de Lagomar en invierno,
y también quiero saber saber como es tu rostro de hielo.
Quiero erizarme con tus manos tibias en los días gélidos
y también quiero que tu nariz fría aparezca con los besos.
Quiero saber como son tus sueños 
y también quiero verte ruborizada a causa de la helada.
Quiero besarte bajo árboles deshojados 
y también quiero sentir como el viento nos despeina.
Quiero que te pongas mi abrigo negro
y también quiero que me pidas abrazos todo el tiempo.
Quiero hacer de cuenta que hibernamos
y también quiero julio y agosto sobre tu pecho.
Quiero que colorees mi cielo gris
y también quiero que me tomes de la bufanda.
Quiero que en el piso las botas sean más de un par
y también quiero que aún bajo cero, lleguemos a sudar.
Quiero que sobre la nieve salgamos a jugar
y también quiero que por el mundo vayamos a viajar.
Quiero que seas vos la de esta historia,
y también quiero que no sea nadie más.

lunes, enero 27

Poema: Nunca

Nunca me enseñaron que la guerra duraría, 
nunca me enseñaron que las noches eran frías. 
Nunca me enseñaron que los golpes dolían, 
ni tampoco me dijeron que tan solo estaría. 

Nunca me enseñaron que hay más de un camino, 
nunca me enseñaron que las verdades causaban agonía. 
Nunca me enseñaron que a veces no importa. 
ni tampoco me contaron que las razones no alcanzan. 

Nunca me enseñaron que el mar era vasto, 
nunca me enseñaron que el cielo estaba lejos. 
Nunca me enseñaron que el infierno se sentía cerca, 
ni tampoco me explicaron que nunca lo entendería. 

Nunca me enseñaron que la caida dolería, 
nunca me enseñaron que levantarme costaría. 
Nunca me enseñaron que las heridas no se irían, 
ni tampoco me alertaron que un gran peso cargaría. 

Nunca me prepararon para esta batalla, 
nunca supe que morir me tentaría. 
Supongo que nunca entendí de que la vida trataría.

jueves, enero 2

Poema: Sueños

Soñábamos con conquistar el mundo a los veinte,
soñábamos con trazar lo inexistente.
Queríamos ver lo que había del otro lado del muro,
queríamos viajar, explorar tierras inexplorables.
Cantábamos con entusiasmo cada vez que salía el Sol,
cantábamos sonidos que no se podían escuchar.
Éramos una utopía viviente, tratando de salirnos de acá.
Sin embargo, fallamos.
Sin cumplir sueños, dejamos de cantar.
Nos sumimos en la rutina, en el aburrimiento.
Bebíamos el café amargo de más, y fumábamos sin ganas.
Ya no disfrutábamos la vida, algo estaba mal.
¿Qué nos pasó? ¿Se fueron todos esos años de gloria? 
Ahora me encuentro flotando en un mar oscuro,
escuchando risas a lo lejos, yendo a lo desconocido.
Sin embargo siento que algún día el Sol saldrá 
y volveré a cantar como antes.

viernes, diciembre 27

Poema VIII

Estaba claro que me partirías el corazón, 
como también estaba claro que me iría.
Era obvia la idea de que te haría llorar,
estaba en evidencia que no podía soñar.
Éramos tan distintos, tan diversos.
A ti te gustaba el mar, las olas y el viento.
Yo en cambio soñaba con Paris, y el frío invierno.
Tú soñabas con bailar por horas,
yo solamente quería sentarme a mirar el cielo.
¿Cómo pudo ser que seres tan lejanos
se aguantaran durante tanto tiempo?
Éramos masoquistas, empujados por el odio a la vida.
Es que todo eso que nos acercó, un día nos alejó.
Y tu te marchaste por la puerta grande,
dando un gran espectáculo, mostrándote al mundo.
Yo en cambio quise hacerlo por la puerta trasera,
en silencio y sin llamar la atención.
Hasta nuestra partida fue desigual. 
Y hoy estás allá, con tu mar, tus olas y tu viento.
Yo estoy acá, aún no llego a París, pero volví a soñar.

jueves, diciembre 26

Poema XXIV

Hermosa dama, no esperaba verte ahí.
No te esperara, pero allí estabas.
Mirando seriamente como yo te observaba.
En ese choque de miradas, supe que te iba a amar.
Compartimos un largo viaje, 
con muchas vueltas, demasiadas.
Y saliste a buscarme, era la señal que faltaba.
Y fue tu sonrisa la que me dijo que no renunciara.
Como tus labios, que dijeron que te besara.
También hubieron palabras, que te dejaron cautivada.
No se si estaremos a la altura de un gran cuento de amor,
pero en esto hay mucha magia.
Contigo comparto cosas que creía extintas,
contigo comparto el alma.
Tal vez sos todo eso que siempre esperé que llegara.
Tal vez lo sos todo, y no exagero en nada.
Cuan magnifico es el mundo ahora que estamos acá.
Cuan magnifico es el mundo ahora que te amo. Y me amas.

domingo, diciembre 1

Historias: Libre

     Francisco cerró los ojos y recordó su infancia, recordó cuando todo era un poco más simple y hasta más hermoso. Su mente se transportó hasta cierto día en el cual bajo un árbol, protegido por su sombra, una calurosa tarde de verano, escuchó algo majestuoso. Ante sus oídos eran entonadas una sucesión de bellas notas, casi perfectas, para él era la melodía más maravillosa de todas, algo que nunca más volvió a escuchar. 
     Francisco se levantó y comenzó a caminar en busca de la fuente de tal maravilla. Caminó varios metros y quedó perplejo observando a un pequeño pájaro de color dorado. Era increíble como un animal tan pequeño podía entonar algo tan grande, tan imponente. Intentó acercarse un poco más, pero el ave salió volando y la perdió de vista. Fue envuelto por el silencio, pero aún así no paraba de sonreír, estaba anonadado por todo aquello.
     El joven abrió los ojos y volvió en si, su viaje al pasado había terminado y caía otra vez en la cotidianidad, en lo monótono que era su vida. Estaba ahí, en su oficina, sentado, tecleando y calculando impuestos de una multinacional que ni siquiera sabía de su existencia. Francisco no pasaba de un número de empleado, una cifra, algo que era facturable en horas, no importaba si estaba inspirado o no, ni tampoco si se sentía feliz, allí importaba que los números cerraran al final del mes. Allí nadie le preguntaba por sus sueños, ni por sus metas, allí era uno más, un número más entre los miles que tecleaban al mismo tiempo. El sonido de las teclas y de los clicks que hacían los ratones formaba una especie de melodía, pero a diferencia de la sinfonía del ave dorada, este sonido causaba miedo, pánico de morir en ese círculo vicioso en el cual se había convertido su vida. 
     Francisco no lo notaba, pero algo en su interior estaba cambiando y de a poco empezaba a florecer en su exterior. Hacía meses que no se cortaba el pelo y ya no le importaba andar presentable. Sentía que usar ropa cara, estar prolijo y arreglado era ocultar su esencia. Sentía que aquello era ponerle una linda máscara a todo el vacío en el cual se encontraba sumido, era fingir algo que no existía, como su sonrisa todas las mañanas al llegar a la oficina.
     Tecleaba sin parar, como de costumbre, cuando sintió un impulso repentino. Se puso de pie y caminó hasta la puerta, sin decir nada, se fue. 
     Salió del edificio y fue encandilado por la luz del Sol, que le dio de frente. Se sacó la corbata, los zapatos y las medias, y los dejó en un cesto de basura. Caminaba y sentía como si estuviera despertando de una larga siesta, de un sueño profundo que había durado años.
     Miró al cielo y vio algo que lo dejó perplejo, aquel pequeño pájaro que lo había maravillado de niño se encontraba dando vueltas sobre él, revoloteando, como invitándolo a vivir la vida, por primera vez. 
     Francisco comenzó a seguir al pequeño animal, sabiendo que por fin empezaba a tomar riendas de su destino, sabiendo que por fin volvía a escuchar la sinfonía perfecta, aquel sonido que uno escucha al nacer y luego lo vuelve a escuchar pocas veces en la vida, solamente cuando uno siente que va por el camino correcto. Era libre.
     

martes, octubre 22

Historias: Amanecer

   Esto ocurrió cuando el mundo era distinto para mí, para vos y para nosotros. Yo era más joven e inocente, tenía el corazón roto y nadaba en un mar de cicatrices, y cometía el error de querer mostrarlas. Vos en cambio bailabas la sinfonía del aburrimiento y sonreías un poco menos. 
"Nunca vi un amanecer, al menos no uno que me haga sentir viva", dijiste. Yo estaba preocupado por recomponer pedazos de un artefacto que ya no tenía arreglo, no de la manera que intentaba repararlo, y no te presté atención. Fue ese mi primer error, mirar al lugar equivocado, o a la persona equivocada.
     Pensá en un amanecer y en todo el simbolismo que lo envuelve. Pensá que significa renacer, volver a la vida y creo que era eso lo que necesitaba. Pero mientras vos pensabas en el alba, yo estaba viviendo la peor noche de mi vida. Fue esa falta de sintonía, esa leve desincronización la que no nos trajo el Sol en aquel momento.
     En febrero aparecieron por primera vez estrellas en mi cielo, luego de una niebla oscura que cubrió la madrugada fría que tuve que soportar. Fue cuando en medio de esa leve claridad que amainaba, que te noté, pero no te traje el amanecer que anhelabas.
     Dicen que antes de que amanezca siempre todo se vuelve muy oscuro, ese exacto segundo antes de que la vida nos regale un poco de luz, uno tiene que vivir la oscuridad máxima, la que parece no tener salida. 
     Dura una fracción de segundo, pero uno siente como si fuese una eternidad, algo que no parece tener fin, algo que llega y se estanca en tu cabeza y te martilla, te golpea y te lastima. Supongo que gracias a eso uno valora más los primeros rayos de Sol que te llegan en un momento particular, inesperado, así, sin avisar, como llegaste vos.
     Es que luego de tanta oscuridad, al fin entendí que lo que seguía era el amanecer, esa luz absoluta que te envuelve, te entibia y te hace sentir vivo otra vez.
     En ese momento de plenitud fue cuando nuestras miradas se cruzaron, fue cuando te volviste a preguntar por el amanecer y cuando yo pude entender que era lo que significaba, fue ahí cuando me acerqué, cuando te acercaste y nos acercamos.
      Y fue mirándote a los ojos que comprendí que no necesitábamos palabras, todo lo que nos queríamos decir era transmitido con el sonido de nuestras respiraciones, fuertes y sincronizadas; con el calor de nuestras pieles cada vez que nos tocábamos y con la suavidad de nuestros labios al besarnos. Fue en ese momento, en aquel exacto lugar, que comprendí que eras todo lo que necesitaba. Fue en ese exacto momento que para nosotros amaneció.  

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